Impacto real en calabacín, brócoli, alcachofa y pimiento.

 

El mes de enero ha estado marcado por precipitaciones persistentes, temperaturas bajas y alta humedad ambiental. Un escenario habitual en las campañas de invierno del sureste español, pero que, desde el punto de vista técnico, supone un momento crítico para muchos cultivos.

 

Cuando se encadenan varios días de suelo saturado y baja radiación, no hablamos solo de “tiempo incómodo”: hablamos de alteraciones fisiológicas, estrés radicular, desequilibrios nutricionales y mayor presión sanitaria. Y lo más importante: muchas de sus consecuencias no se ven hoy, sino dentro de varias semanas.

 

Gestionar correctamente este periodo es lo que diferencia una explotación que mantiene la regularidad productiva de otra que empieza a mostrar pérdidas de calibre, irregularidad o menor vida comercial.

 

Qué provoca realmente este tipo de estrés en el cultivo

 

El frío y el exceso de humedad afectan directamente a tres pilares del desarrollo vegetal:

 

  • Sistema radicular: menor actividad metabólica, pérdida de absorción, riesgo de asfixia por falta de oxígeno.
  • Nutrición: aunque haya nutrientes disponibles en suelo, la planta no los asimila correctamente. Aparecen bloqueos de fósforo, calcio, hierro o microelementos.
  • Sanidad vegetal: el tejido debilitado se vuelve más sensible a patógenos oportunistas.

Este tipo de estrés no genera síntomas espectaculares de inmediato. Lo habitual es ver plantas aparentemente “paradas”, con menor vigor, entrenudos más cortos, hojas con tonalidades apagadas o crecimiento irregular. El problema llega cuando, al entrar en fase productiva, esa falta de equilibrio se traduce en pérdidas reales.

 

Cómo ha podido afectar este enero a cada cultivo

 

Calabacín: caída de ritmo y sensibilidad radicular

 

El calabacín es especialmente sensible a este tipo de condiciones por su alta exigencia fisiológica. Tras semanas de frío y suelo húmedo, es habitual encontrar:

 

  • Sistemas radiculares más superficiales y menos activos
  • Menor velocidad de emisión de hojas nuevas
  • Desajustes entre crecimiento vegetativo y entrada en floración
  • Mayor riesgo de problemas de cuello y raíces (Pythium, Phytophthora)
  • Abortos florales en los primeros cuajes si el estrés ha sido prolongado

Si no se corrige bien esta situación, el cultivo puede entrar en producción con irregularidad de calibre y menor continuidad de corte, algo crítico comercialmente.

 

Brócoli: raíces ralentizadas y sensibilidad a bloqueos nutricionales

 

El brócoli tolera mejor las temperaturas bajas, pero no el exceso de humedad prolongado. En estas condiciones suele aparecer:

 

  • Desarrollo radicular más lento de lo esperado
  • Problemas de absorción de fósforo en fases de formación vegetativa
  • Deficiencias funcionales de calcio que afectan a estructura y vigor
  • Mayor sensibilidad a alternaria o bacteriosis en hojas basales
  • Desigualdad entre parcelas según tipo de suelo y drenaje

Cuando enero viene muy húmedo, es habitual que la campaña de febrero-marzo muestre diferencias de calibre y falta de uniformidad, incluso habiendo hecho bien el manejo posterior.

 

Alcachofa: ralentización vegetativa y riesgo sanitario

 

La alcachofa es resistente, pero sufre mucho cuando el suelo permanece frío y saturado durante demasiados días. Las principales consecuencias observables son:

 

  • Menor emisión de brotes nuevos
  • Retraso en la entrada en producción
  • Mayor sensibilidad a botrytis en tejidos húmedos
  • Aparición de manchas foliares por debilitamiento general
  • Raíces con actividad reducida durante semanas

La alcachofa necesita reactivar bien su sistema radicular en febrero si queremos una producción escalonada y con buen calibre en primavera.

 

Pimiento recién plantado: el momento más delicado

 

El caso del pimiento es especialmente crítico, porque hablamos de plantas jóvenes en fase de implantación.

 

Cuando el trasplante coincide con:

 

  • Suelo frío
  • Alta humedad
  • Baja radiación
  • Días consecutivos nublados

Lo que suele ocurrir es:

 

  • Lentitud en el arraigue
  • Escaso desarrollo inicial del sistema radicular
  • Plantas que “se quedan finas”
  • Desajustes nutricionales tempranos (hierro, fósforo, calcio)
  • Mayor susceptibilidad a problemas de cuello

Una implantación deficiente en enero condiciona toda la campaña posterior. Por eso, en estas fases, más que forzar crecimiento, la clave está en acompañar a la planta a recuperar equilibrio.

 

Estrategia técnica tras este tipo de enero

 

Después de un mes así, la gestión profesional pasa por tres líneas claras:

 

Suelo y riego

 

  • Revisar humedad real antes de reanudar frecuencias habituales
  • Evitar riegos por inercia
  • Priorizar oxigenación frente a volumen
  • Vigilar zonas de acumulación de agua

Nutrición

 

  • Ajustar abonado a la actividad real de la planta
  • Favorecer formas asimilables
  • Controlar microelementos funcionales
  • Evitar excesos de nitrógeno que descompensan
  • Reforzar calcio y equilibrio catiónico

Fisiología y sanidad

 

  • Apoyar la recuperación con estrategias de bioestimulación bien planteadas
  • Vigilar tejidos débiles y focos tempranos de enfermedad
  • Trabajar siempre desde la prevención, no desde la reacción

La diferencia está en la gestión, no en el clima

 

El clima no se puede controlar. La gestión técnica, sí.

 

Dos explotaciones con el mismo suelo y el mismo enero pueden terminar febrero en situaciones completamente distintas. La diferencia está en:

 

  • La observación diaria
  • El ajuste fino del riego
  • La interpretación correcta del estado real de la planta
  • La toma de decisiones basadas en criterio agronómico, no en calendario

Porque al final, la calidad, la uniformidad y la continuidad de suministro no se improvisan en marzo. Se construyen ahora.

En Agrodolores estamos de estreno. Tras meses de trabajo, presentamos nuestra nueva página web: un espacio más moderno, intuitivo y pensado para acercar nuestra empresa a agricultores, clientes y a todas las personas que confían en nosotros desde hace más de 40 años.

El objetivo de este nuevo sitio es claro: ofrecer una experiencia de navegación sencilla, visual y adaptada a cualquier dispositivo. Queremos que encontrar información sobre nuestros productos, compromisos y servicios sea rápido y cómodo, ya sea desde un ordenador, una tablet o un móvil.

La nueva web refleja quiénes somos y cómo trabajamos. En ella podrás descubrir nuestra historia desde 1983, nuestros valores de calidad, sostenibilidad y compromiso social, así como cada uno de los productos que cultivamos, envasamos y exportamos desde el Campo de Cartagena hacia los principales mercados internacionales.

Hemos creado secciones específicas para mostrar lo que nos define:

  • Nuestros productos: con información clara sobre cada fruta y hortaliza.
  • Compromisos: porque la calidad, la sostenibilidad y la responsabilidad social forman parte de nuestro día a día.
  • Personas y talento: un espacio dedicado a nuestro equipo humano, verdadero motor de Agrodolores.
  • La Academia del Agricultor: un proyecto de formación pensado para apoyar y acompañar al sector agrícola.

Además, hemos apostado por un diseño fresco y dinámico, que transmite la esencia de nuestra tierra y la cercanía de nuestro trabajo.

Esta nueva web es también un punto de encuentro: queremos que nos conozcas mejor, que nos contactes con facilidad y que sigas de cerca nuestro compromiso con el campo y la comunidad.

Te invitamos a navegar por nuestra nueva página y descubrir el futuro de Agrodolores, siempre fieles a nuestra esencia: calidad, frescura y sostenibilidad.

Fuente: Okdiario.com

«Es uno de los grandes protagonistas de nuestra dieta mediterránea. El calabacín forma parte de guisos, ensaladas y todo tipo de recetas. Además, es un poderoso antioxidante. ¿Conoces todas sus propiedades?

Propiedades del calabacín

  • El 95% de este alimento es agua.
  • Apenas tiene calorías (15 cal) por lo que es muy saludable para el organismo.
  • Contiene minerales y oligoelementos como el fósforo, el potasio, el magnesio y el calcio.
  • Vitamina C, B3 y provitamina A
  • Esta verdura es rica en fibra (entre 0,5 g y 1,5 g por 100 gramos).
  • Pectina
  • Celulosa
  • Omega 3
  • Caretonoides

Beneficios del calabacín para la salud

  • Es ideal para las personas que quieran adelgazar gracias a su alto contenido en fibra, agua y sus escasas calorías.
  • Gracias a la luteína y la zeaxantina fortalece la salud de los ojos.
  • Controla el colesterol debido a su contenido en fibra dietética. Además sus vitaminas A y C también disminuyen el riesgo de arteriosclerosis.
  • Lucha contra el envejecimiento. Sus antioxidantes y vitaminas A y C, nos ayudan a mantener una piel sana, joven y luchar contra los radicales responsables del envejecimiento de la piel.
  • Mejora la salud cerebral por su contenido en fósforo.
  • Evita la retención de líquidos gracias a su elevado nivel de agua. Por ello, es un remedio eficaz para combatir la celulitis.
  • Combate el acné y elimina las toxinas de la piel.
  • Mejora el tránsito intestinal.
  • Desincha los ojos. Colocar una rodaja de calabacín crudo en las bolsas alrededor de los ojos es un buen remedio contra la hinchazón.
  • Su contenido en potasio (295 miligramos) disminuye los riesgo de accidente cerebrovascular y de contraer una enfermedad cardíaca. Además su aporte en vitamina C que es antioxidante, ayuda a que los glóbulos funcionen mejor, y a reducir la presión arterial.
  • Previene la gota gracias a su aporte en Omega 3.
  • Fortalece el cabello y le aporta salud. Su contenido en vitaminas C y A del calabacín combaten el desgaste y sequedad del pelo.»

Fuente: Entrevista realizada por la Asociación Alcachofa de España y publicada en su página web. A continuación exponemos algunas de las preguntas que consideramos de más interés para nuestros lectores.

««Mami, tu no trabajas porque siempre te lo estás pasando bien». Eso es lo que le dicen sus hijos a Elisa Escorihuela, una mujer todoterreno que disfruta cada segundo. Trabajadora infatigable, esta farmacéutica y diplomada en Dietética y Nutrición Humana nacida en Valencia, aparca sus múltiples quehaceres diarios para responder a una batería de preguntas en las que deja claro una cosa: le apasiona lo que hace, con quién lo hace y cómo lo hace. Confiamos en que disfrutéis con la lectura, extraigáis ideas para mejorar vuestra alimentación y encontréis inspiración para este verano.

Licenciada en Farmacia y diplomada en Dietética y Nutrición Humana hace diez años fundó Nutt donde desarrolla su trabajo como asesora nutricional. ¿Cómo han sido estos diez años?

Si lo tuviera que resumir en una palabra sería aventura, en mayúsculas. Desde los comienzos hasta ahora ha sido como un juego que ha llevado intrínseco un proceso de aprendizaje. Caídas, remontadas y vuelta a empezar pero siempre intentado hacer cosas nuevas dentro de la filosofía y valores que rodean la marca Nutt. Si miro atrás siempre me sale una sonrisa, son todos buenos recuerdos, cada día nos aporta algo.

 Cuéntanos. ¿Qué servicios ofrecéis?

Nuestro principal servicio es el asesoramiento nutricional personalizado junto con las talleres de cocina que nos ayudan a afianzar el mensaje de salud que queremos que cale en nuestros pacientes. Asesoramos también a empresas en la implantación de hábitos saludables así como en la creación de nuevos productos más saludables. Esto nos encanta. Contamos con una plataforma de formación online en nutrición ‘Aula de Nutrición’ y con ‘Mi Menú Saludable’ destinado a ofrecer menús semanales para organizar la vida de nuestros pacientes cuando acaban su tratamiento. A nivel personal además dedicó gran parte de mi tiempo a la divulgación y a la formación.

Tienes publicados varios libros, entre ellos, ‘Guía de alimentación saludable en verano’ o ‘Mi dieta de verano’. ¿Nos das algunos consejos para estos meses de julio y agosto?

Claro, en verano es primordial mantenernos bien hidratados, por eso el consumo de verduras, hortalizas y frutas debe ser una prioridad. Su gran contenido en agua  minerales nos ayuda a mantener una correcta hidratación, claro está, junto con el consumo de agua adecuado. Simplemente siguiendo esta recomendación no solo nos hidratamos mejor, sino que aumentamos el consumo de fibra, tan necesario para mantener nuestra salud. Además, si procuramos reducir al máximo los alimentos ultra procesados, mejor que mejor.

 ¿Recomendarías el consumo de alcachofas? ¿Qué beneficios aportan para la salud?

Soy una gran amante de las alcachofas y siempre que puedo las recomiendo. No solo por sus características gastronómicas sino por la multitud de beneficios que tienen para la salud. Podríamos destacar muchos aspectos que hacen de la alcachofa un alimento 10. Un  gran contenido en fibra que nos ayudará a mantener nuestra salud cardiovascular, el peso, favorecer nuestro tránsito intestinal y reducir la incidencia de enfermedades como son la diabetes y el cáncer. Sus niveles de potasio y magnesio nos ayudan a mejorar la retención de líquidos, que además ahora en épocas de calor puede causar un quebradero de cabeza a muchas personas. Si ahondamos más podemos destacar su contenido en polifenoles, cinarina y luteolina, que son sustancias antioxidantes que nos ayudan a combatir el estrés oxidativo y, por lo tanto, son excelentes para prevenir enfermedades como el cáncer. Por último, y porque no destacar es que tienen  poquitas calorías, 23 Kilocalorías por cada 100 gramos, lo que es ideal para añadir las alcachofas en los procesos de pérdida de peso.

 Si tuvieras unas latas de alcachofas en conserva o congeladas. ¿Qué ideas nos das con ellas para llevarnos un tupper a la playa o a la piscina?

Las alcachofas en conserva y congeladas son de esos básicos para tener siempre en casa. Yo siempre las tengo porque me pueden sacar de apuros cuando tengo menos tiempo. Me encanta añadirlas en salteados con carnes, pescados y, sobre todo, con mariscos. ¡Me chiflan!  Las combino también con pastas y quinoa para llevar en el tupper, ya que de esta manera permite realizar platos muy completos.

 ¿Y alguna ensalada especial que incluya alcachofas?

¡Ay! ¡Todas! Me encantan las alcachofas en ensaladas. En España no solemos incluirlas en nuestras ensaladas y sin embargo, países como Italia, las incorporan prácticamente en todas las preparaciones que se nos pueda ocurrir. Yo las añado en cualquier tipo de ensalada, ya sean ensaladas solo de verduras y hortalizas como en ensaladas más contundentes con quinoa, legumbres, pastas o arroces. Pero si me tengo que quedar con una preparación estrella es con el carpaccio de alcachofas que nos permite disfrutar de todo el sabor de la alcachofa. Un placer para los sentidos.

¿Cuál es esa tienda de alimentación que siempre visitas?

Yo soy de mercado. Vivo en Valencia, en el barrio de Ruzafa que tiene un mercado maravilloso. Desde pequeña voy con mis padres y es una maravilla poder ir a comprar, que te conozcan y sepan lo que buscas. Imagínate qué maravilla de productazos tienen, da gusto ir aunque sea solo a pasearse por sus pasillos.»

Fuente: Receta de https://www.hogarmania.com/

Ingredientes (4 personas):

  • 600 gr. de salmón
  • 250 gr. de melón
  • 250 gr. de sandía
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal gruesa
  • pimienta
  • perejil (para decorar)

Para la salsa de fresas:

  • 8 fresas
  • 100 ml. de vinagre
  • 1 cucharada de azúcar
  • sal

Limpia de espinas y corta el salmón en 4 porciones.

Corta 4 trozos de papel de aluminio y salpimienta en el centro. Coloca encima, una porción de salmón con la piel hacia arriba. Dobla los bordes hacia dentro de manera que el pescado quede como en una cajita abierta.

Coloca los paquetitos sobre una placa de horno y echa 2 cucharadas de sal gruesa encima de cada trozo. Hornea a 200º C durante 10 minutos (con el horno precalentado). Retira la sal y la piel al salmón. Retira el papel de aluminio y reserva.

Para la salsa, pica las fresas y colócalas en un cazo. Añade el azúcar, la sal y el vinagre. Cocínalas durante 10 minutos. Cuela y reserva la salsa.

Retira la piel a la sandía y al melón y corta las frutas en rectángulos. Cocina a la plancha con una gota de aceite. Salpimienta la fruta. Sirve el salmón y acompaña con la fruta. Salsea con la salsa de fresas y decora con una ramita de perejil.

Fuente del texto: lavanguardia.com

Ninguna persona de 70 años es igual a otra, pues cada una llega a esa edad con un estado de salud, una medicación y un estilo de vida diferentes. Pero la edad lleva asociados unos cambios fisiológicos y sociales que afectan en mayor o menor medida a las pautas alimenticias y al estado nutricional. Se pierden piezas dentales y se reduce la salivación, lo que dificulta algo básico como masticar bien los alimentos; se debilitan los sentidos y al tener menos gusto y olfato se reduce el interés por la comida; el estómago se vacía más despacio y eso adelanta la sensación de saciedad; se pierde masa muscular y celular y el organismo demanda menos energía; a menudo se vive solo y no se tienen tantos recursos o ánimo para ir a la compra o cocinar; se toman analgésicos o antiinflamatorios que merman el apetito o dificultan la absorción de nutrientes… El resultado, advierten nutricionistas y geriatras, es que con el envejecimiento se triplica el riesgo de no estar bien alimentado, ya sea por exceso –personas que continúan comiendo mucho a pesar de no realizar casi actividad física– o por defecto, aquellos que no ingieren todos los nutrientes que necesitan.

“En las primeras etapas tras la jubilación las personas mayores son más activas y comen más y cubren sus necesidades de nutrientes, pero a medida que se hacen más mayores el apetito disminuye y es cuando surgen los problemas porque necesitan menos energía que otros adultos pero los mismos nutrientes, de modo que su plato de comida ha de tener menos calorías pero las mismas proteínas, lípidos, etcétera, así que han de ser menús más densos para cubrir sus necesidades”, explica Susana del Pozo, directora de análisis de la Fundación Española de Nutrición (FEN).

De ahí que, como muy tarde a los 70, convenga revisar los hábitos alimentarios para adaptarlos a las nuevas necesidades biológicas y a los hábitos de vida de cada cual partiendo de la premisa de que hay que tomar una gran variedad y no una gran cantidad de alimentos. Pero a esas edades, uno ya tiene muy asentados sus hábitos y comportamientos alimentarios –la comida extraordinaria de los domingos, los platos tradicionales de la familia, etcétera–, de modo que lo ideal es plantear modificaciones paulatinas y progresivas en la dieta.

 

Menos calorías, más proteínas
Primitivo Ramos, secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y especialista en problemas nutricionales de los ancianos, explica que la dieta ideal de las personas mayores debe aportar entre 30 y 35 kilocalorías por kilo de peso y día, lo que de media significa un menú diario de entre 1.700 y 2.500 kilocalorías.

Pero también importa cómo se consigue esa energía. El 55%-60% deben proporcionarla los hidratos de carbono (cereales, pasta, arroz…), menos del 30% las grasas y el 15% las proteínas. Precisamente la necesidad de más proteínas es uno de los elementos diferenciadores de la dieta de una persona mayor, según Miquel Layola, responsable del departamento Médico de Nestlé Health Science. “Si para un adulto se recomiendan 0,8 gramos de proteína por kilo de peso y día, en una persona mayor sana se aconseja entre 1 y 1,2 gramos, que suben hasta 1,5 gramos si padece alguna enfermedad leve y a 2 si el organismo está sometido al estrés de alguna patología grave como una fractura de cadera o un proceso oncológico”, detalla. Y precisa que seguir estas recomendaciones significa en muchos casos ingerir entre 85 y 90 gramos de proteínas al día, “el equivalente a cuatro lonchas de jamón, cuatro de queso, dos huevos, dos yogures, un filete de lenguado y uno de ternera, lo que implica unas cantidades de comida que no todos son capaces de tomar, así que a veces la alternativa es enriquecer los platos con proteína extra añadiendo por ejemplo una clara de huevo o un quesito fundido en el puré de verdura o tomar suplementos proteicos”. Ramos, por su parte, opina que lo mejor es llevar una dieta equilibrada y que el aporte proteico lo proporcionen alimentos ricos en proteínas, como carnes, pescados, aves, huevos, leche, legumbres, patatas, pan, pasta, arroz, cereales y frutos secos, procurando que la mitad de las proteínas que se toman sean animales y el resto vegetales.

Pero la clave de una buena nutrición no son sólo las proteínas. “Cuando efectuamos análisis a personas mayores autónomas y sanas, entre un 10% y un 30% tiene falta de minerales y vitaminas, y hay muchos estudios que evidencian que la mitad no tiene un consumo adecuado de estos nutrientes”, dice el especialista de la SEGG. Los déficits más frecuentes son los de vitamina DB12 y ácido fólico, seguidos por las vitaminas B1, B6 y E, así como calcio, fósforo, hierro, potasio, magnesio y zinc.

 

Más vitamina D y calcio
Del Pozo explica que diversas investigaciones han constatado que los ancianos españoles tienen menos concentración de vitamina D que los de los países nórdicos. “Aunque aquí tenemos más sol tendemos a taparnos y a escondernos de la exposición solar cuando tenemos cierta edad”, justifica la especialista de la FEN. A ello se añade que, con la edad, la piel sintetiza hasta un 25% menos de vitamina D que cuando se es joven, por lo que hay más necesidad de exponerse al sol, de comer pescado azul o de tomar suplementos a medida que se envejece porque la falta de esta vitamina afecta a la absorción del calcio. De hecho, los expertos advierten que los mayores necesitan un aporte diario de calcio superior al de los adultos: unos 1.200 miligramos los hombres y 1.500 las mujeres, el equivalente a cuatro o cinco vasos de leche.

 

Más fibra y agua
Con los años también hay que incorporar a la dieta más alimentos con fibra y más líquidos porque el tránsito intestinal y las digestiones se ralentizan y son frecuentes los problemas de estreñimiento o de diarrea. Geriatras y nutricionistas aconsejan tomar entre 25 y 30 gramos de fibra al día combinando fibra insoluble (cereales integrales) y soluble (la de frutas y verduras) y entre 30 y 35 mililitros de líquido por kilo de peso (una media de dos litros y medio de líquido, preferentemente agua). “Con la edad disminuye la sensación de sed y se bebe menos pero se necesita mucho líquido porque el porcentaje de agua del cuerpo disminuye; por eso conviene beber agua cada media hora para reponer líquidos pero también incorporar zumos naturales, caldos o gazpachos en el menú diario para mejorar la hidratación”, explica Susana del Pozo.

 

Cinco o más comidas al día
Pero no es fácil cumplir todas estas recomendaciones. Los especialistas calculan que el 30% de las personas mayores ve muy mermado su apetito y el deseo de comer (anorexia del anciano, lo llaman) y que lo habitual al envejecer es acabar comiendo entre un tercio y la mitad de lo que se comía de joven. Por eso sugieren hacer cambios organizativos en la dieta, preparar menús variados para no caer en el aburrimiento y que haya más combinación de nutrientes, comprar a diario para priorizar los productos frescos y de temporada, y repartir la comida en cinco o más ingestas –desayuno, sobredesayuno ligero, comida, merienda, cena y recena ligera– para no tomar grandes cantidades en las comidas principales y facilitar la digestión. “Para que la distribución de energía y nutrientes sea adecuada lo ideal es tomar el 25% de la ración diaria en el desayuno, el 5% en el sobredesayuno, el 35-40% en la comida, 5-10% en la merienda, un 20-25% en la cena y un máximo del 5% si hay recena”, detalla Ramos. Desde la FEN enfatizan que para que la dieta sea variada conviene no repetir a menudo alimentos: “Es importante comer tres o cuatro raciones de pescado a la semana, pero también que ese pescado no sea siempre merluza, porque algunas personas tienden a comer siempre lo mismo por comodidad, porque les gusta o porque saben que les sienta bien”.

La guía de orientación nutricional para personas mayores editada por la FEN y la Comunidad de Madrid explica que algunas técnicas culinarias como el marinado, el adobado o el encurtido pueden ayudar a diversificar la dieta porque reblandecen las fibras de los alimentos, facilitan la masticación y además incrementan el sabor, lo que puede ayudar a estimular el apetito.

Claro que todas estas pautas están condicionadas al estado de salud de cada persona, puesto que hay enfermedades que exigen restringir ciertos alimentos (la diabetes, por ejemplo), que provocan carencias de ciertos nutrientes y hacen aconsejable tomar suplementos alimenticios, o que dificultan la deglución y obligan a modificar la densidad o consistencia de los alimentos. “Sin olvidar que para que el organismo rentabilice bien los nutrientes, en especial las proteínas, es necesario hacer ejercicio, incluso si se está encamado o en silla de ruedas”, concluye Layola, de Nestlé Health Science.

Fuente: https://www.guiainfantil.com/

La salud y el bienestar de los niños depende de la alimentación. Los padres y educadores deben transmitir al niño la idea de que con la alimentación no se juega porque nuestra salud depende de ello y debemos darle a la comida la importancia que se merece. Esto significa hacer una pausa al día para sentarnos a la mesa y tomar protagonismo como comensales frente a los alimentos que vamos a tomar.

Actualmente, en nuestra sociedad los hábitos de alimentación han cambiado. Mientras antes existía un gran respeto hacia algo vital como son los alimentos y el momento de la comida, hoy en día se come cualquier cosa improvisada sobre la marcha, de pie y sin horarios.

Cambiar la manera en la que nos alimentamos en cuanto a modales es tan importante como otorgar a los alimentos la importancia que tienen y se merecen. Ambas son buenas normas y costumbres con las que deben familiarizarse los niños en casa.

Lucía Bultó, nutricionista y autora del libro ‘Los consejos de Nutrinanny. Las soluciones que funcionan para la alimentación de los niños’, ha elaborado un decálogo en el recoge los principios básicos de una alimentación adecuada para la salud de los niños. Y además, añade que ‘tan importante como que el niño coma adecuadamente, es que realice actividad física todos los días’:

1. No existen alimentos ‘malos’, sino frecuencias de consumo inadecuadas. Adapta las cantidades a la edad y al desarrollo del niño.

2. Frutas y verduras a diario. Ofrece al niño frutas y verduras diariamente, de temporada, que aporten a su organismo vitaminas, minerales y fibra.

3. Tres o cuatro raciones de productos lácteos al día. Sirven para asegurar el calcio que los huesos, en pleno desarrollo, necesitan. Las opciones descremadas aportan la misma cantidad de calcio que las enteras.

4. Utiliza aceite de oliva. Es el más recomendable para cocinar y tomar en crudo.

5. Dos tomas de proteínas al día. Dos tomas moderadas al día de pescado, carne, huevos o jamón son suficientes para aportar al organismo de los niños la cantidad de proteínas que necesitan.

6. Hidratos de carbono integrales. El pan, el arroz, la pasta, las patatas, las legumbres y los cereales aportan los hidratos de carbono complejos que el niño necesita. Si compras productos integrales, le aportarás fibras y aumentará su ingesta de vitaminas y minerales.

7. Una buena hidratación es importante. Para beber, siempre agua. Los refrescos sólo en momentos puntuales y sin cafeína.

8. Alimentación variada. Programa una alimentación que incluya alimentos de todos los grupos, sin abusar de ninguno de ellos. Todos los alimentos son buenos, lo importante es el equilibrio entre ellos.

9. Alimentos envasados. La industria alimentaria ofrece productos de calidad que se adaptan a las nuevas tendencias de vida. Opta por los pescados en conserva y las verduras envasadas.

10. Predica con el ejemplo. Cuida tu alimentación y tu hijo te imitará.

Fuente consultada:
Los consejos de Nutrinanny. Las soluciones que funcionan para la alimentación de los niños
Autora: Lucía Bultó. Ed. Planeta.

Fuente texto y foto: directoalpaladar.com

Los entrantes son muy prácticos para poner en la mesa y que cada uno vaya sirviéndose lo que le apetezca. Hoy os traemos una receta de aperitivo colorista gracias a la presencia de pimientos tricolores que ahora podéis encontrar fácilmente en cualquier supermercado. Esta terrina de pimientos y queso crema es ideal para combinar con unas tostas en plan paté.

Creemos que este pastel os va a encantar para las cenas o comidas especiales, en las cuales queráis presentar una receta muy fácil, pero vistosa que llene de color vuestra mesa.

Para 6 personas
  • Pimiento rojo3
  • Pimiento verde3
  • Pimiento amarillo3
  • Nata líquida250 ml
  • Queso crema400 g
  • Gelatina en láminasg
  • Aceite de oliva virgen extra , 3 cucharadas
  • Sal y pimienta al gusto
  • Cilantro fresco al gusto

Comenzaremos cortando los pimientos en tiras grandes, les quitamos las semillas y los trozos blancos. Los cocinamos durante 10 minutos en agua hirviendo con sal. Una vez que pase el tiempo, los escurrimos y dejamos que se enfríen. Los espolvorear con aceite de oliva, sal, pimienta y los dejamos marinar durante 30 minutos. .

Por otra parte remoje las hojas de gelatina en un recipiente con agua bien fría 10 minutos. Hervimos en un cacito la nata, le añadimos la gelatina escurrida y mezclamos. En una ensaladera, trituramos con un tenedor el queso crema a temperatura ambiente, añadimos la nata, la sal, la pimienta y mezclamos. Rectificamos de sal y pimienta.

Forramos un molde estrecho y alargado con film de cocina, dejando plástico para luego poder cerrar el molde. Colocamos tiras de pimiento de 3 colores, luego extendemos una capa de queso fresco. Repetimos el proceso y terminamos con una capa de pimientos. Reservamos unos pocos para decorar. Doblamos el film por encima para dejar bien cerrado el molde. Dejamos enfriar una noche en nevera.

Cuando pasen las horas, desmoldamos, decoramos con pimiento picado y hojas de cilantro. Servimos bien frío.

La terrina de pimientos y queso crema podéis combinarla con unas tostas de pan para una cena de picoteo o un entrante antes del plato principal. Se conserva bien tapado durante cinco días en la nevera.

Fuente: cinfasalud.cinfa.com

¿Por qué debemos cuidar la alimentación de los niños?

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 17,6 millones de niños menores de 5 años sufren obesidad. En España, un 43% de los niños de entre 6 y 9 años padecen sobrepeso u obesidad, de acuerdo al estudio Aladino, llevado a cabo por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición del Ministerio de Sanidad.

Esta enfermedad que, con frecuencia, comienza en la infancia, provoca graves perjuicios en la edad adulta. En concreto, la obesidad y el sobrepeso pueden derivar en problemas de salud tan graves como las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, la diabetes, la hipertensión e, incluso, algunos tipos de cáncer. Por lo tanto, una alimentación correcta desde la infancia es determinante para protegernos de estas dolencias. Además, es en esa edad cuando se aprende a comer y se adoptan los principales hábitos alimentarios.

¿Qué beneficios aporta una dieta equilibrada a la salud infantil?

Una alimentación saludable provee al niño y al adolescente de todos los nutrientes esenciales para un correcto crecimiento –los huesos y músculos se desarrollan fuertes y sanos-, previene dolencias típicas de esta edad -como la anemia ferropénica, la desnutrición o el estreñimiento-, y disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Una dieta equilibrada y variada resulta también fundamental para mantener el equilibrio de la flora bacteriana y reforzar el sistema inmunológico de cualquier persona; y más en los niños. Así mismo, contribuye a mantener las defensas altas ayuda a prevenir y combatir los resfriados, gripes y otras infecciones, que con tanta facilidad se contagian en guarderías, escuelas infantiles y centros escolares.

¿Qué necesidades nutricionales tienen los niños?

Durante la infancia y la adolescencia, las necesidades energéticas y nutricionales son especialmente elevadas, ya que el organismo se encuentra en un constante estado de desarrollo y crecimiento. Y los alimentos contienen las diferentes sustancias nutritivas que éste necesita. Por lo tanto, el niño o adolescente debe consumir los productos adecuados para obtener el aporte necesario de:

  • Energía. Durante el primer año de vida las necesidades de energía son muy elevadas, y luego bajan muy sensiblemente para ir aumentando de forma progresiva hasta la adolescencia.
  • Proteínas. Las necesidades de proteínas son muy altas en los lactantes, disminuyen posteriormente, y se elevan de nuevo en la pubertad. Están presentes en las carnes, pescados, lácteos, legumbres, cereales y frutos secos, entre otros alimentos.aumentando de forma progresiva hasta la adolescencia.
  • Hidratos de carbono. El consumo de hidratos de carbono, tanto complejos (cereales o arroz), como simples (azúcar o miel), también es fundamental durante la infancia.
  • Fibra. Para calcular la necesidad de fibra de los más pequeños, se suele realizar la siguiente operación: sumar a la edad del niño el número 5. Por ejemplo, un niño de ocho años necesitará 13 gramos de fibra al día (8+5). Esta fórmula es aplicable desde los dos años. La fibra, entre otros beneficios, ayuda a regular el colesterol y el nivel glucémico. Contienen fibra las legumbres, los cereales -fundamentalmente los integrales-, los frutos secos y las verduras, frutas y hortalizas.
  • Grasas. Es importante controlar desde la infancia qué cantidad y tipo de grasas incluimos en la dieta. Sobre todo, los niños y adolescentes deben evitar el exceso de grasas saturadas, presentes en los alimentos de origen animal que tengan grasa, como la leche, la mantequilla, los lácteos, las carnes grasas y los embutidos y salsas. En cambio, son aconsejables las grasas de origen vegetal (monoinsaturadas), especialmente el aceite de oliva
  • Vitaminas. Un consumo adecuado de frutas y verduras –al menos cinco piezas o raciones al día-, asegurarán al menos el aporte necesario de vitaminas C y A. Por otra parte, el consumo de carnes, pescados, huevos y lácteos proveen de vitamina B.
  • Minerales. Por ejemplo, el calcio es esencial para la formación del esqueleto, por lo que los niños deben consumir abundantes lácteos y pescado azul. Durante los periodos de crecimiento rápido, los niños necesitan cantidades más elevadas de hierro, de manera que la dieta infantil debe incluir carne de vacuno, legumbres y cereales. Y por último, en la pubertad aumentan, sobre todo en las chicas, las necesidades de yodo. En consecuencia, el consumo moderado de sal yodada en las comidas puede ser aconsejable, aunque nunca debe abusarse.

¿Cambian estas necesidades a lo largo de la infancia

La edad es un factor determinante en la alimentación, y el aporte de nutrientes que un niño necesita, no sólo debe ser diferente al del adulto, sino que varía a lo largo de los años. El Ministerio de Sanidad establece tres etapas claramente diferenciadas:

  • De 3 a 6 años. Las necesidades energéticas son especialmente altas, debido a que se trata de un periodo de crecimiento y desarrollo, así como de gran actividad física. En esta época, los niños necesitan proporcionalmente más proteínas de alta calidad que los adultos, por lo que su dieta debe incluir suficientes carnes, pescados, huevos y lácteos. A esta edad, debe iniciarse también al niño en el hábito de un desayuno completo.
  • De 7 a 12 años. Dado que las necesidades de crecimiento siguen siendo cruciales, los pequeños de esta edad deben ingerir a diario lácteos, frutas, verduras, ensalada y pan, alternar las carnes, pescados blancos y azules, y combinar a lo largo de la semana las legumbres, arroces y pasta. Resulta necesario también orientar al niño para que no coma sólo lo que le gusta y evitar que abuse de dulces y refrescos.
  • De 13 a 16 años. Dado que en esta etapa se produce el llamado ”estirón” y los músculos y el esqueleto terminan de formarse, la dieta debe aportar al adolescente las calorías suficientes e incluir proteínas de alta calidad y calcio –presente en los lácteos, verduras, legumbres y muchos pescados y mariscos-. También es importante realizar suficiente actividad física para evitar el sobrepeso.

Por otra parte, la cantidad de alimentos que los niños necesitan ingerir puede variar mucho también en función de la fase de crecimiento en la que se encuentren, pero resulta conveniente recordar que nunca será similar a la del adulto. Es habitual ver cómo se obliga a un niño a que coma más de lo que él quiere, pero no es recomendable hacerlo, porque sólo ellos saben cuánta hambre tienen y a la vez, también son ellos los responsables de aprender a regular su propio apetito. En este sentido, los expertos en nutrición aseguran que es normal que los niños pasen por temporadas en las que comen más y otras en las que sienten menos hambre, al igual que sucede en los adultos.

¿Qué rutina alimentaria debe seguir un niño para obtener todos los nutrientes que necesita?

El niño debe ingerir todos estos nutrientes esenciales en la cantidad y frecuencia adecuadas a lo largo del día para su edad, para lo que debe seguir todos los días hábitos alimentarios adecuados. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria recomienda que en el desayuno y el almuerzo, el escolar cubra al menos el 25-30% de sus necesidades nutritivas. Sin embargo, entre un 10% y un 15% de los niños españoles no desayuna y entre un 20% y un 30% lo hace de manera insuficiente.

Para evitarlo, las familias deben organizarse con el fin de permitir a los pequeños disfrutar de un desayuno saludable. Este debe incluir al menos un lácteo (leche, yogur, queso…), pan, tostadas, cereales, galletas, magdalenas o bizcochos hechos en casa; una fruta o su zumo; mermeladas o miel; una grasa de complemento como el aceite de oliva; y, en ocasiones, jamón o algún fiambre. Para el almuerzo; se recomienda una pieza de fruta, un yogur o un bocadillo de queso, por ejemplo.

En segundo lugar, la comida debe proveer al niño del 30% de sus necesidades nutricionales, por lo que es conveniente que, tanto los padres como la escuela, se involucren en el diseño de menús saludables y equilibrados, capaces de satisfacer, además, los gustos infantiles. Los platos principales deben alternar tanto verduras, legumbres, pastas, arroces y sopas, como carnes y pescados, y el postre debe ser normalmente una fruta o un lácteo.

La merienda no debe ser excesiva, ya que debe suministrar al escolar el 15% de sus necesidades alimenticias. Esta comida del día suele estar muy bien aceptada por los niños y complementa adecuadamente su dieta, porque permite incluir alimentos tan nutritivos como los lácteos o la fruta natural. Además, ayuda a evitar los picoteos innecesarios entre comidas y hace que nos niños no lleguen a la cena con excesiva hambre.

Por último, la cena debe aportar al niño el 30% de los nutrientes y la energía que éste necesita, y se decidirá en función de los alimentos ya tomados al mediodía. Para esta comida, se recomiendan purés, sopa o ensaladas, y, como complemento, carnes, huevos y pescados.

¿Cómo conseguir que los niños coman bien?

La educación es también la base de una correcta nutrición. Por esta razón, la familia desempeña un papel fundamental en el fomento de hábitos nutricionales y de vida saludables y es el entorno perfecto para conseguir que los menores sigan una dieta equilibrada.

Para lograrlo, el comportamiento de los distintos miembros de la familia ha de ser coherente con las recomendaciones verbales que se le hacen al niño, pues resulta difícil inculcar un hábito alimentario saludable, cuando quien lo aconseja no lo pone nunca en práctica.

Así mismo, también el núcleo familiar debe organizar los horarios de forma que alguna de las comidas importantes se realice con los hijos.

Por último, hay que recordar que no se debe obligar a un niño a comer algo que no le gusta ni presentar la comida como un premio o castigo o con amenazas, ya que de esta manera se transmiten al niño o al adolescente mensajes erróneos sobre qué alimentos son buenos o malos, cuando todos son saludables y deben estar incluidos en una dieta equilibrada.

Fuente: https://www.who.int/

Llevar una dieta sana a lo largo de la vida ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas, así como diferentes enfermedades no transmisibles y trastornos. Sin embargo, el aumento de la producción de alimentos procesados, la rápida urbanización y el cambio en los estilos de vida han dado lugar a un cambio en los hábitos alimentarios. Actualmente, las personas consumen más alimentos hipercalóricos, grasas, azúcares libres y sal/sodio; por otra parte, muchas personas no comen suficientes frutas, verduras y fibra dietética, como por ejemplo cereales integrales.

La composición exacta de una alimentación variada, equilibrada y saludable estará determinada por las características de cada persona (edad, sexo, hábitos de vida y grado de actividad física), el contexto cultural, los alimentos disponibles en el lugar y los hábitos alimentarios. No obstante, los principios básicos de la alimentación saludable siguen siendo los mismos.

Para lactantes y niños pequeños

En los dos primeros años de la vida de un niño, una nutrición óptima impulsa un crecimiento sano y mejora el desarrollo cognitivo. Además, reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad y de enfermedades no transmisibles en el futuro.

Los consejos para una alimentación saludable durante la lactancia y la niñez son los mismos que en el caso de los adultos, si bien los elementos que figuran a continuación también son importantes:

  • Debería alimentarse a los lactantes exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida.
  • La lactancia materna debe continuar al menos hasta los dos años.
  • A partir de los seis meses de edad, la lactancia materna se debería complementar con diferentes alimentos inocuos y nutritivos. En los alimentos complementarios no se debería añadir sal ni azúcares.

Consejos prácticos para mantener una alimentación saludable

Frutas, verduras y hortalizas

Comer al menos 400 g, o cinco porciones de frutas y verduras al día reduce el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles (2) y ayuda a garantizar una ingesta diaria suficiente de fibra dietética.

Para mejorar el consumo de frutas y verduras es recomendable:

  • incluir verduras en todas las comidas;
  • como tentempiés, comer frutas frescas y verduras crudas;
  • comer frutas y verduras frescas de temporada; y
  • comer una selección variada de frutas y verduras.

Grasas

Reducir el consumo total de grasa a menos del 30% de la ingesta calórica diaria contribuye a prevenir el aumento insalubre de peso entre la población adulta (1, 2, 3).

Además, para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles es preciso:

  • limitar el consumo de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta calórica diaria;
  • limitar el consumo de grasas trans a menos del 1%; y
  • sustituir las grasas saturadas y las grasas trans por grasas no saturadas (2, 3), en particular grasas poliinsaturadas.

Para reducir la ingesta de grasas, especialmente las grasas saturadas y las grasas trans de producción industrial se puede:

  • cocinar al vapor o hervir, en vez de freír;
  • reemplazar la mantequilla, la manteca de cerdo y la mantequilla clarificada por aceites ricos en grasas poliinsaturadas, por ejemplo, los de soja, canola (colza), maíz, cártamo y girasol;
  • ingerir productos lácteos desnatados y carnes magras, o quitar la grasa visible de la carne; y
  • limitar el consumo de alimentos horneados o fritos, así como de aperitivos y alimentos envasados (por ejemplo, rosquillas, tortas, tartas, galletas, bizcochos y barquillos) que contengan grasas trans de producción industrial.

Sal, sodio y potasio

La mayoría de la gente consume demasiado sodio a través de la sal (una media de 9 g a 12 g de sal diarios) y no consume suficiente potasio (menos de 3,5 g). Un consumo elevado de sal e insuficiente de potasio contribuye a la hipertensión arterial que, a su vez, incrementa el riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular (8, 11).

La reducción de la ingesta de sal al nivel recomendado, esto es, menos de 5 gramos diarios, permitiría prevenir 1,7 millones de muertes cada año (12).

Las personas no suelen ser conscientes de la cantidad de sal que consumen. En muchos países, la mayor parte de la ingesta de sal se realiza a través de alimentos procesados (por ejemplo, platos preparados, carnes procesadas tales como tocino, jamón, salame; queso o tentempiés salados) o de alimentos que se consumen con frecuencia en grandes cantidades (por ejemplo, el pan). La sal también se añade a los alimentos cuando se cocinan (por ejemplo, caldos, concentrados de caldo de distinto tipo, salsa de soja y salsa de pescado) o en el lugar en que se los consume (por ejemplo, la sal de mesa).

Para reducir el consumo de sal se aconseja:

  • limitar la cantidad de sal y de condimentos ricos en sodio (por ejemplo, salsa de soja, salsa de pescado y caldo) al cocinar y preparar alimentos;
  • no poner sal o salsas ricas en sodio en la mesa;
  • limitar el consumo de tentempiés salados; y
  • escoger productos con menor contenido de sodio.

Algunos fabricantes de alimentos están reformulando sus recetas para reducir el contenido de sodio de sus productos; además, se debería alentar a los consumidores a leer las etiquetas de los alimentos para comprobar la cantidad de sodio que contiene un producto antes de comprarlo o consumirlo.

La ingesta de potasio puede mitigar los efectos negativos de un consumo elevado de sodio en la presión arterial. La ingesta de potasio se puede incrementar mediante el consumo de frutas y verduras frescas.

Azúcares

Adultos y niños deberían reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total (2, 7). Una reducción a menos del 5% de la ingesta calórica total aportaría beneficios adicionales para la salud (7).

El consumo de azúcares libres aumenta el riesgo de caries dental. El exceso de calorías procedentes de alimentos y bebidas con un alto contenido en azúcares libres también contribuye al aumento insalubre de peso, que puede dar lugar a sobrepeso y obesidad. Pruebas científicas recientes revelan que los azúcares libres influyen en la tensión arterial y los lípidos séricos, y sugieren que una disminución de su ingesta reduce los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares (13).

La ingesta de azúcar puede reducirse del modo siguiente:

  • limitar el consumo de alimentos y bebidas con alto contenido de azúcares, por ejemplo, aperitivos y bebidas azucarados y golosinas (o sea, todos los tipos de bebidas que contienen azúcares libres, incluidos refrescos con o sin gas; zumos y bebidas de frutas o verduras; concentrados líquidos y en polvo; agua aromatizada; bebidas energéticas e isotónicas; té y café listos para beber; y bebidas lácteas aromatizadas ); y
  • comer, como tentempiés, frutas y verduras crudas en vez de productos azucarados.

Cómo promover una alimentación sana

La alimentación evoluciona con el tiempo, y en ella influyen muchos factores socioeconómicos que interactúan de manera compleja y determinan modelos dietarios personales. Entre esos factores cabe mencionar los ingresos, los precios de los alimentos (que afectarán la disponibilidad y asequibilidad de alimentos saludables), las preferencias y creencias individuales, las tradiciones culturales, y los factores geográficos y ambientales (incluido el cambio climático). Por consiguiente, el fomento de un entorno alimentario saludable y, en particular, de sistemas alimentarios que promuevan una dieta diversificada, equilibrada y sana, requiere la participación de distintos sectores y partes interesadas, incluidos los gobiernos, el sector público y el sector privado.

Los gobiernos desempeñan un papel fundamental en la creación de un entorno alimentario saludable que permita a las personas adoptar y mantener prácticas alimentarias sanas.

Las medidas que las instancias normativas pueden adoptar para generar entornos alimentarios saludables incluyen:

  • Armonización de las políticas y los planes de inversión nacionales, en particular las políticas comerciales, alimentarias y agrícolas, con el fin de promover la alimentación saludable y proteger la salud pública mediante medidas orientadas a:
    • aumentar los incentivos a los productores y vendedores minoristas para que cultiven, utilicen y vendan frutas y verduras frescas;
    • reducir los incentivos a la industria alimentaria que le permiten mantener o aumentar la producción de alimentos procesados con altos niveles de grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sal/sodio;
    • alentar la reformulación de productos alimentarios a fin de reducir los contenidos de grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sal/sodio, con miras a suprimir las grasas trans de producción industrial;
    • aplicar las recomendaciones de la OMS sobre comercialización de alimentos y bebidas sin alcohol para niños;
    • establecer normas para fomentar prácticas alimentarias saludables mediante la disponibilidad asegurada de alimentos saludables, nutritivos, inocuos y asequibles en centros preescolares, escuelas y otras instituciones públicas, así como en el lugar de trabajo;
    • examinar instrumentos normativos y voluntarios (por ejemplo, reglamentos de comercialización y normas sobre etiquetado nutricional) e incentivos o desincentivos económicos (por ejemplo, tributación y subsidios) para promover una dieta saludable; y
    • alentar a los servicios transnacionales, nacionales y locales de alimentos y sus puntos de venta, a mejorar la calidad nutricional de sus productos, asegurar la disponibilidad y asequibilidad de opciones saludables y revisar los tamaños y precios de las porciones.
  • Alentar a los consumidores a exigir alimentos y comidas saludables mediante medidas dirigidas a:
    • promover la sensibilización de los consumidores respecto de una dieta saludable;
    • desarrollar políticas y programas escolares que alienten a los niños a adoptar y mantener una dieta saludable;
    • impartir conocimientos sobre nutrición y prácticas alimentarias saludables a niños, adolescentes y adultos;
    • fomentar las aptitudes culinarias, incluso en los niños, a través de las escuelas;
    • prestar apoyo a la información en los puntos de venta, en particular a través del etiquetado nutricional que asegure información exacta, normalizada y comprensible sobre el contenido de nutrientes en los alimentos (en consonancia con las directrices de la Comisión del Codex Alimentarius), mediante el añadido de etiquetado frontal que facilite la comprensión del consumidor; y
    • ofrecer asesoramiento nutricional y alimentario en los centros de atención primaria de salud.
  • Promover prácticas adecuadas para la alimentación del lactante y el niño pequeño mediante medidas destinadas a:
    • aplicar el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y las subsiguientes resoluciones pertinentes de la Asamblea Mundial de la Salud;
    • aplicar políticas y prácticas que fomenten la protección de las madres trabajadoras; y
    • promover, proteger y apoyar la lactancia materna en los servicios de salud y la comunidad, incluso a través de la iniciativa «hospitales amigos del niño».